21 de septiembre de 2016

Libertad


Un puñado de arena deslizándose entre tus manos, cayendo lentamente contra el suelo y regresando con el resto de partículas. Lo insignificante que puede llegar a ser una de ellas que, sin el resto no serían nada y, por el contrario, la gran inmensidad que puede tener un millón de ellas juntas.

O como aquellas pocas gotas de agua que caen antes de comenzar la tormenta, que se rompen y se deslizan por tu cara, aquellas gotas que no significan nada y que, en cambio, una gran tormenta de verano puede dejarte totalmente empapado.

La clave es la inmensidad. La vida es disfrutar de las pequeñas cosas, desde la minúscula partícula hasta la gran montaña de arena. Tanto apreciar esa gran inmensidad de las cosas que hacen que sean infinitas, como observar el horizonte del mar y no saber donde acabará, o bien subirte a lo más alto de un acantilado y respirar el aire profundo, sintiéndote la persona más alta de la tierra. Sentirse vivo y libre. Como aquellos pájaros que pasan volando por el cielo sin rumbo. No hay nada más importante que esos pequeños detalles y, eso, es realmente la verdadera LIBERTAD.



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