Lluvia de estrellas


Iba caminando hacia el parque,  que estaba a unos cuantos minutos de mi casa. Cómo nos gustaba a Iván y a mí ese parque, tenía las mejores vistas de toda la ciudad y siempre quedábamos por la noche para sentarnos en la colina más alta y mirar las estrellas. No había nada más bonito que ver la ciudad iluminada de noche, de verdad. Como siempre, Iván y yo quedábamos en ese mismo sitio cada vez que había lluvia de estrellas. Esa noche, me adelanté antes de que llegase él y preparé un pequeño picnic. Había llevado un par de cervezas y algo de picoteo. Mientras le esperaba, me quedé observando al horizonte. Qué bonitas vistas.

Me quedé unos minutos pensando, mirando los edificios de la ciudad. Siempre inventábamos historias de las personas que vivían en cada casa. Era divertido. Sonreí, no pude contener la risa tonta al pensar en lo idiota que era mi amigo. Era una persona bastante loca, que siempre decía tonterías e inventaba juegos absurdos pero, era genial. Me divertía mucho, era el mejor amigo que podía tener pero, no soportaba lo tardón que era siempre cuando quedábamos.


Entonces, me abrí una cerveza y alcé la vista observando las estrellas. No quitaba mirada al cielo, no quería perderme una estrella fugaz. Esperé y esperé, pero Iván no llegaba y, la estrella fugaz tampoco. Entonces fue cuando recordé y me di cuenta de la situación. De pronto, pasó velozmente una estrella fugaz por el cielo. Sonreí. Estaba convencida de que esa estrella era Iván y que siempre estaría conmigo. Volví a la realidad y a ser consciente de que él ya no iba a volver nunca más. Cómo le echaba de menos. Abrí su cerveza y la puse a mi lado, mientras le daba un trago a la mía. Desde luego, él siempre estaría conmigo.

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