16 de noviembre de 2016

¡Relato ganador del concurso!

¡Buenas! ¡Ya tenemos relato ganador del concurso de terror que preparé hace dos semanillas! Cómo me alegro que os hayáis animado unos cuantos a participar pero, lamentablemente solo puedo elegir uno, que es sin duda el más terrorífico que me ha parecido. 

También, tengo que decir que aunque hayáis participado unos poquitos, hay algunos que no han cumplido todas las bases del concurso que se establecían :( pero me he leído vuestros relatos también, que me han gustado mucho.

Pero, en definitiva, el relato ganador es:

"23:05" de Cecilia Hahn

¡Entrad en su blog que es chulísimo y tiene una gran variedad! Cine, libros... ¡y multitud de relatos muy interesantes! No duden en echar un vistazo pinchando aquí.

En fin, y con ello aquí os dejo su relato de terror ¡espero que os guste mucho también! Y ya sabéis que podéis comentar qué os ha parecido 😀 ¡Empecemos!: 



—No tomes el tren de las 23:05 y si no te queda más remedio, no viajes en el primer vagón...ni hables con el maquinista. ¡Hoy es la noche!
—Ay, ¡por favor! ¿Y eso de dónde salió?

Juan rio ante la mirada confundida de Sebastián. Apenas un rato antes habían estado conversando y tomando café en el living de la casa y cuando el joven se levantó para irse, su abuela le había soltado eso, así como así. Intentó aliviar el momento.

—Ella dice que una cierta noche, no se si se alinean los planetas o qué sucede realmente, en ese tren en especial, desaparece una persona, y otra que estaba perdida, se encuentra. No se de dónde lo habrá sacado, son historias que le habrán contado cuando era chica.

Sebastián aún reía cuando salió de lo de su amigo. La conversación con la abuela de Juan había sido de lo más extraña, aunque interesante, como suele ocurrir con las personas ancianas que se crían el campo. Nada tenía explicación racional para ella, todo respondía a algún extraño fenómeno sobrenatural. El no creía mucho en eso, pero no dejaba de ser divertido escuchar relatos tan fantasiosos. Sin embargo, no pudo ignorar la opresión en el pecho que sintió cuando salió de la casa al fresco de la noche. Aún faltaba bastante para las 23:05, así que no tenía que preocuparse por eso...no era que le preocupara realmente, claro que no, solo que estaba aquello de que las brujas no existen pero que las hay, las hay y esas cosas...

Apretó el paso, las calles de Coghlan estaban oscuras y solitarias. Las copas de los árboles susurraban a su paso. Un par de veces giró la cabeza creyendo que alguien lo llamaba por su nombre, pero no veía a nadie en varios metros a la redonda. "Maldita sugestión", pensó, "y todo por culpa de esa vieja".

Llegó a la estación a las 22:30. El tren debería estar llegando en 5 minutos. El andén estaba prácticamente vacío, a excepción de un linyera dormitando cuan largo era en el único banco del lugar y un par de personas en la otra punta, listas para subirse al último vagón. El puesto de panchos estaba cerrando, y poco a poco el andén quedó bañado por la fantasmagórica luz de los faroles. Sebastián caminó de un lado a otro, asomándose de vez en cuando a las vías para ver si el tren estaba llegando, como si con eso fuera a aparecer más rápido.

Pero del tren ni noticias.

Ya eran las 22:45 y Sebastián se estaba quedando dormido. Ninguna voz avisando por parlante, ni alguien en la ventanilla para preguntar. Nunca el tren se había demorado tanto y tenia tanto sueño que con gusto habría empujado al vagabundo y se hubiera acostado él mismo en el banco. Pero prefirió sentarse en el piso no tan limpio, con la espalda contra la pared. Perdió la noción del tiempo y abrió los ojos sobresaltado cuando un leve temblor lo sacudió.

—¡No puedo ser tan boludo! ¡Perdí el tren!

Pero no había ningún tren alejándose, raro, aún parecía escuchar su sonido perdiéndose en la distancia. Tampoco veía gente en el andén salvo por el linyera profundamente dormido en el banco. Las dos personas de la punta ya no estaban.

Pateando piedras hacia las vías, intentó tranquilizarse. Si al menos hubiera alguien con quien hablar...

De repente, un silbido. El tren se aproximaba. Se detuvo casi silenciosamente. Cuando la puerta se abrió, Sebastián entró apresurado al vagón vacío y se sentó contra la ventanilla.

En el reloj de la estación daban las 23:05.

Iba muy despacio, meciéndose como una cuna y el joven no tardó mucho en empezar a cabecear. Una voz suave lo estaba llamando por su nombre. Dio un respingo y miró a su alrededor. El vagón seguía vacío.

—Lo único que me falta es que me haya pasado de la parada y termine en el culo del mundo...

Miró por la ventanilla. Las estaciones donde el tren debía detenerse pasaban rápidamente, veía los rostros de la gente, y le pareció extraño, pues no miraban indignados al tren o insultaban porque no se detenía. Directamente no veían al tren.

Y seguía solo.

No tuvo mucho tiempo para pensar en eso cuando una brusca frenada lo hizo caer del asiento. Las luces se apagaron y la temperatura descendió abruptamente. Podía ver el vapor de su aliento al espirar. También vio algo más. Formas, siluetas. Sombras. Altas e indefinidas.

Se deslizaban como en cámara lenta a su alrededor, lo rozaban pero aún así apenas los sentía. No lograba distinguir si eran humanos y tenían rostro, todos parecían estar envueltos en una capa de niebla que impedía enfocarlos con claridad. Sí podía escucharlos susurrar, como si hablaran de él entre ellos, en secreto.

—Esto es un horrible sueño del que me voy a despertar ya mismo —se quiso convencer, pero estaba muy consciente de que no soñaba.

Se levantó despacio y se dirigió hacia la puerta. Afuera la negrura era absoluta. Una obscuridad viva y tangible. La nada.

Intentó abrir la puerta con las manos, sin éxito, probó tirar de la manija de emergencias, romper el vidrio con el martillo. Todo en vano. Lentamente se dio vuelta, para ver con horror como las sombras se le acercaban. El miedo no le impidió moverse y se arrojó sobre ellas, atravesándolas. El frío que sintió casi lo paralizó, como si sus pulmones y el corazón se hubieran congelado, pero se sobrepuso y comenzó a correr desesperado por los vagones, atravesando seres fantasmales en su carrera. No le importaba, tenía que salir de allí.

Se detuvo en el primer vagón, cuando ya no pudo avanzar más.

Entonces le vinieron a su mente las palabras de la abuela de su amigo Juan, lejanas y confusas, ¿le había advertido algo? No lo podía recordar. Comenzó a golpear con fuerza la puerta, gritando y pateándola. Nada, ni un ruido se escuchaba del otro lado. Sabía que las sombras estaban detrás de él y no quería darles la espalda. Sentía que se le acercaban, que había manos extendiéndose hacia él, pero no lo tocaban, simplemente, estaban ahí. Miró por sobre su hombro y pudo ver un rostro pálido y consumido, bajo una capucha negra, sus ojos blancos miraban sin ver. Gritó con toda la fuerza de sus pulmones hasta que sintió un click. La puerta se había abierto.

Sin dudarlo, entró a la cabina del conductor y trabó la puerta tras de sí.

El hombre no se volteó a mirarlo y Sebastián dudó si hablarle o no. No podía verle el rostro, pero parecía una persona de carne y hueso, llevaba puesto un uniforme algo anticuado y decidió que eso era lo menos importante en todo ese delirio que le estaba ocurriendo, lo mejor era encontrar una explicación racional para eso.

—Señor, por favor me podría usted decir...

El conductor se volvió hacia él, una espantosa sonrisa se dibujaba en su piel de pergamino. Los dientes amarillentos relucieron unos instantes y luego se abrieron en una terrible carcajada de sórdida felicidad.

En su casa, luego de que su nieto se fuera, la anciana sintió un grito proveniente de la nada y se santiguó.

············

Cerca de una estación de tren alejada de los suburbios, un hombre muy delgado, con el rostro demacrado y paso vacilante, se sentó en el banquito de una plaza. Ya era hora de descansar. Conducir un tren cargado de almas por ciento cincuenta y tres años sin una sola pausa para descansar no era pavada. Eso era mucho tiempo

Ahora su servicio había terminado. Al fin había encontrado un reemplazo.

Cecilia Hahn

2 comentarios:

  1. Holaaaaa
    Qué sorpresa!! :D
    GRACIAS! me alegro mucho que te gustó el cuento! :D :D :D
    Y me alegro que te haya gustado mi blog también! Estas invitada a pasarte cuando quieras!
    Besos y me voy bailando contenta! :D

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    1. ¡Espero que no dejes nunca de escribir! Es muy agradable encontrar a alguien que lo aprecie y se la dé tan bien :) Muchas gracias a ti, es un placer conocer otros blogs! :) ¡Un besote!

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